Delgaduchos

Las mujeres mula de Melilla

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Así, Sanusi cree que prohibiendo la poligamia se combatiría al grupo islamista y dice que, en cuestión de esposas, una es suficiente. Normas no escritas La poligamia es legal en Nigeria. Aunque las costumbres difieren de una comunidad a otra. Image caption Mohammed Bello Abubakar llegó a tener 86 esposas. Así fue que Mohammed Bello Abubakar, un hombre del estado de Níger que falleció el mes pasado, llegó a tener 86 esposas y hijos. Y la mayoría de los casos relacionados con el derecho de familia se resuelven en los tribunales religiosos. Así, el proyecto presentado por el emir también incluye cambios en lo referente a los derechos dentro del matrimonio, a la educación y a las herencias. Contempla, por ejemplo, la prohibición de la violencia doméstica y otorga a las mujeres el derecho a una compensación por daños físicos, así como al divorcio si pueden probar que han sido maltratadas. El proyecto también persigue prohibir matrimonio forzado, lo que significa que la mujer tendría que dar su consentimiento para que la unión fuera legal.

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Cheep Snap Hace unas semanas pasé tres días con las porteadoras de estraperlo en la franja del Barrio Chino de la ciudad autónoma de Melilla. Aquí, por un pasillo de 50 metros que separa España de Marruecos, miles de mujeres cruzan a anales de un lado al otro cargando fardos de hasta 80 kilos. Y ninguna autoridad parece dispuesta a ponerle freno a un negocio que únicamente salta a los grandes medios de comunicación cuando una de las porteadoras muere aplastada. Su mayor problema denial es tanto el agotamiento físico tras intentar dos o tres pases como evitar las avalanchas. Con un esposo enfermo del corazón y cinco hijos. Me sorprende que se separe de la fila para hablar conmigo. Así se santiguan los musulmanes antes de alcanzar la muerte. Malika teme que sus huesos puedan acabar como los de Safia Azizi, quien en noviembre de murió de una hemorragia pulmonar por aplastamiento del tórax al anatomía arrollada por otras porteadoras.

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Todo cuanto sucede ahí es una constante redefinición de los límites entre la íntima individualidad subjetiva de nuestros cuerpos y la toma de decisiones, así como la gestión política, que se hace sobre ellos. Es el decorado de los procesos y de las contradicciones, de las reasignaciones y de las confrontaciones. Y por eso, entre ambas realidades, entre la piel y la política, existe un lugar amigable a la reflexión. Por supuesto la sexualización como todo proceso humano necesita ser explicado desde la experiencia. Aprovecharé la mía, como musulmana de arraigo y europea de identificación, para exponer las fuerzas que confluyen en levante proceso. Como punto de partida, mi madre. En la década de los 90, cuando nos instalamos en un pequeño pueblo del interior de Catalunya, ella vestía con faldas hasta las rodillas y camisas vaporosas, con guardarropía que dejaban al descubierto su generoso escote y la piel blanca y fina de sus brazos. Yo age la hija de esta mujer que recogía su ondulante cabello en un coletero de terciopelo. Volviendo del liceo me contó que algunas mujeres catalanas le preguntaron por qué se había cubierto e incluso lo bien o lo mal que le quedaba ese trozo de tela sobre la cabeza.

Tomad

En el brazo derecho se perfila la silueta de la diosa egipcia Sejmet, cuyo aliento cuentan que creó el desierto. Dispara proyectiles a discreción versus los progres de izquierdas, los radicales de derechas y los integristas musulmanes. A todos les hace cómplices, de una u otra manera, de la opresión. Una antología de desafíos a nuestras certezas. Pero es una neura menor. Sin revolución sexual da gemelo que caigan tiranos, dice. Las que sobrevivieron. Y en las entrevistas todavía suele ser un asunto recurrente, intentan hacerme ver que no son compatibles. En lo que afecta a mi feminismo, cualquier cosa que haga deterioro a las mujeres y niñas, la combato.

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